miércoles, 4 de julio de 2007

El Constructor de Sueños

Con el permiso de Laura, publico este cuento, que en su día le escribí, para intentar levantarle el ánimo. Gracias Lau. Quizás puedas traducirlo y publicarlo en tu tu bolg. Será interesante ver como queda en asturiano.



...Lentamente llegó la noche. Laura estaba en casa en el campo disfrutando de un poco de paz después de tanto tiempo de nervios, estrés y súbitos cambio de humor, de los cuales sabia que el responsable era los estudios y también en parte su situación familiar.
Decidió salir de casa, necesitaba pasear para sacar de su cabeza eso malos momentos pasados. Se encamino a la puerta y parsimoniosamente se alejo de la casa en dirección al cercano bosque, ese bosque que tantas veces le había ayudado a deshacerse de sus inquietudes. Jirones de nieblas se elevaban del suelo fruto de la formación de vapor en el humus, dando a la arboleda un aspecto ligeramente inquietante, como el tenue velo que separa los sueños de la realidad cuando estamos a punto de dormir.
Al cabo de un buen rato caminando por el interior del bosque se empezó a dar cuenta de que se hallaba en una zona del mismo que no conocía, o que al menos no recordaba y se empezó a inquietar. A lo lejos creyó distinguir una luz, y se dirigió hacia ella. De repente se encontró con un claro que jamás había visto en su vida y que era posiblemente lo más hermoso que había visto en mucho tiempo.
El musgo y la hierba cubrían todo el suelo y desprendía un agradable aroma herbal que mezclado con el aroma proveniente del bosque, a tierra húmeda y hojas secas producía una extraña y relajante mezcla de aromas.
El rumor del viento en las ramas de los árboles era roto en el claro por el sonido del agua del arroyo que lo cruzaba y que sin duda se uniría corriente abajo con el río principal.
Siguiendo un impulso se descalzo y comenzó a caminar despacio en el claro, sintiendo es contacto fresco de la hierba y el musgo acariciando las plantas de su pies. Dio cinco o seis pasos dentro del claro caminando con los ojos cerrados para poder concentrarse en las sensaciones que todo a su alrededor le producía; se paró, alzo la cara y abrió los ojos y descubrió el impresionante cielo estrellado, como si millones de bombillas se encendiesen tras un telón oscuro. Aquello era sin duda un lugar maravilloso
Un ruido la hizo volver a la realidad y en ese momento se fijo en un detalle que antes le había pasado desapercibido, escondida en una esquina del claro había una pequeña cabaña de piedra y techumbre de paja, dentro de la cual se vislumbraba una figura a contraluz. Se acerco hasta la puerta y antes de que alcanzara a llamar una voz firme hablo
- ¿Quién anda ahí afuera?
- Perdone- respondió Laura- no quería asustarle. Creo que me he perdido en el bosque dando un paseo, hasta que he descubierto este claro. Es muy hermoso
- Es hermoso, si – dijo en hombre saliendo de la casa.

Era un anciano de barba rala y canosa, con unos ojos almendrados y mirada serena, astuta e inteligente. Sin duda tenía una edad muy avanzada pero su voz firme y su mirada hacían dudarlo

- Mi nombre es Laura.
- Encantado Laura ¿quieres pasar y acercarte un rato al fuego?
- No muchas gracias, hace una noche demasiado agradable aquí afuera.
- Cierto- respondió el anciano- pero, al menos ¿aceptas una taza de te? Es de una variedad muy especial que crece al otro lado de la casa.
- Si gracias, me encanta el té.

El anciano se acerco al fuego, tomó la tetera y sirvió dos humeantes trazas de té en cuencos de terracota. Acerco uno a Laura y le comentó
- Huele su aroma. A mi personalmente, me relaja mucho.
Un aroma dulzón alcanzó a Laura produciéndole una calida sensación de paz, que aumentó cuando le dio el primer sorbo a la infusión.
- Es una variedad excelente de te. Le felicito
- No es a mi a quien debes felicitar- dijo sentándose en un tronco de árbol caído-Yo solamente lo recolecto. Por favor, siéntate
- ¿Hace mucho tiempo que lleva viviendo aquí?, perdone pero no se como llamarle
- Hace mucho tiempo que olvide mi nombre, en realidad toda la vida. Vivo aquí desde hace más tiempo de lo que parece pero menos de los que puedas pensar. Si tan importante te parece darme un nombre, llámame abuelo.
- ¿Y porque dice que olvido su nombre?
- Me canse de él, me canse de mis amigos, de mi familia, realmente me canse del mundo. Llego un momento que no pude soportar mas noticias horribles, tanta violencia, tanta degradación de la sociedad me estaban consumiendo.
- Si, entiendo perfectamente lo que quiere decir, a mí a veces también pienso que el mundo me acabara consumiendo.
- Por eso yo decidí evadirme. Me adentré en un bosque, como tu esta noche y también encontré una cabaña. En ella había un viejo, como yo ahora con el que empecé a hablar. Cuando me di cuenta, habían pasado varios años y si querer había aprendido el oficio del anciano. Cuando este murió, yo ocupe su lugar
- ¿Oficio? ¿a que oficio se refieres?
- Vaya, pensé que a estas alturas ya lo habrías adivinado. ¿Todo esto no te resulta familiar?
- La verdad es que si. Es la primera vez en mi vida que estoy aquí, pero es como si lo hubiese conocido toda mi vida.
- Es que en realidad, lo has conocido toda la vida. Aquí es donde tu imaginación venia cuando necesitaba evadirse.
- ¿Como dice?-se levanto asustada- ¿quién es usted y que es esto?
- No te asustes Laura. Solo soy una persona que hace posibles algunos sueños. Muy de vez en cuando, aparece una buena persona que sufre por como esta organizado el mundo y busca evasión en la imaginación. Yo soy el encargado de dar un soporte físico a este sueño. En realidad cada detalle de este paraje, están escritos en tu mente.
- De alguna extraña manera, sé que tiene razón.
- Si sabes eso, ¿sabes también lo que tienes que hacer verdad?
- Creo que si. Tengo que sustituirte, ¿cierto?
- Si pero tranquila, eres aun muy joven y a mi me quedan aun algunos años como constructor de sueños. De vez en cuando, cuando la vida te agobie puedes venir a verme y empezare a contarte como dominar la naturaleza y como infíltrate en los sueños para descubrir quien merece que se le construya un sueño y quien no.
- De acuerdo, te lo prometo.
- No hacen falta promesa, al fin y al cabo, es tu destino.

Laura sonrió, porque comprendía que era cierto, y que toda la vida lo había sabido. Beso al anciano en la mejilla, tomó sus sandalias y se encaminó de nuevo al bosque. Una vez allí se calzo y comenzó a adentrarse en la arbolada.
Antes de perder de vista el claro le entro pánico al pensar que quizás nunca podría volver a encontrarlo. Se paro, respiro hondo, y escucho el latir acelerado de su corazón. En ese momento le llego de nuevo la voz clara del anciano.
-No te preocupes niña, siempre que necesites venir aquí, tus pasos se encaminaran sin vacilación hacia el claro.
Eso la tranquilizó, volvió a respirar profundamente, alzo la barbilla y segura de si misma miro hacia al frente. El mundo tampoco estaba tan mal en ese momento, y si en algún momento no lo soportaba, podría venir aquí. Con paso firme se encamino de nuevo a su casa, dejando al constructor de sueños en el bosque esperándola....

lunes, 2 de julio de 2007

Polvo de Estrellas

Dicen que los piscis tenemos algo que definen como mundo interior. Creo que en mi caso, se podría describir, mas bien como galaxia interior. A veces pienso que vivo a caballo entre realidad y fantasía, que no distingo donde acaban mis sueños y comienzan mis pesadillas, que vivo más con mi corazón que con mi cabeza.
Buceando en las redes encontré la siguiente descripción de Piscis: “Las personas en cuyos horóscopos predomina el elemento agua saben entregarse, confían en su intuición y siempre están dispuestas a ayudar. Les fascina explorar los rincones escondidos de su propia psique y la de otros. A veces se pierden tanto en su mundo que pueden volverse caprichosos, padecer de ansiedades y sufrir depresiones.”
Y esto es solo el principio de una larga definición, que encontré en
http://www.sitiohispano.com/signos/caracteristicas/piscis.htm y que me ha sorprendido realmente. Jamás he creído en la influencia de los astros más allá de lo científicamente explicable, pero, maldita sea, cualquiera que me conozca y lea esa pagina, coincidirá conmigo en que el 95% de lo escrito, me describe a la perfección.
Me niego a creer que nuestras vidas estén escritas de antemano, que las estrellas dicten nuestros destinos, que los planetas, llamados así por los griegos por su carácter errático, determinen nuestra suerte, nuestra fortuna o nuestros amores.
El científico que hay en mi cree que somos física y química, muy compleja, y a la vez muy sencilla. Sin embargo, el soñador que hay en mi, el piscis que soy, quiere creer que la amistad, la lealtad, la pasión, el amor, los sentimientos en suma, no se pueden explicar al 100% científicamente, y que en resumidas cuentas, somos algo más que polvo de estrellas.
Mi cerebro no puede llegar a entender como el universo puede afectar a nuestra forma de ser, y sin embargo, es cierto, como dice la descripción que me encanta indagar en mi psique y en la de la gente que me rodea. Hace años, una compañera de facultad me dijo que yo le recordaba a Momo, el personaje de la novela homónima de Ende, cuya característica principal era saber escuchar. Y es verdad, me gusta escuchar. Escuchar lo que la gente tiene que decir, porque todos tenemos una historia. Trágica en ocasiones, cómica en muchos casos, pero siempre interesante, porque siempre, de toda historia, se puede aprender algo. Quedarte con lo esencial, la síntesis, y luego extrapolarla, llevarla a tu mundo interior es lo que realmente te hace crecer en sabiduría. El diablo sabe más por viejo, porque ha oído más historias que nadie.
No sé si escucho por ser piscis o simplemente porque muchas veces no tengo nada que decir – si lo que vas a decir no es más bello que un silencio, cállate- pero tengo la esperanza de que a fuerza de escuchar, algún día seré un anciano un poco sabio.

sábado, 30 de junio de 2007

Regreso al Cabo Blanco

Hace tiempo le escribí a mi amiga Laura un cuento, que quizás algún día me atreva a publicar aquí, si ella me lo permite. El relato trataba de un viejo que se dedicaba a construir lugares de paz, sitios a donde se puedan evadir las mente de las personas.
Todos tenemos un sitio así, o al menos, todo el mundo deberíamos tener como mínimo un sitio así, o incluso varios, porque es la única manera de superar algunas situaciones, sobre todo en casos de estrés, bien sea por el trabajo o bien por situaciones personales.
Yo tengo varios sitios a los que mi cabeza viaja en los malos momentos, cuando parece que la vida se te escapa por los costados, que es un tranvía a punto de arrollarte, que no tienes sitio en este loco mundo, o simplemente que la vida te parece demasiado injusta, demasiado dura. Uno de ellos es quizás el más especial, porque no solo puedo evadirme mentalmente, sino que puedo ir físicamente. Cuando cierro los ojos y dejo volar mi mente, puedo sentir el viento que viene de la mar y que golpea mi cara mientras estoy sentado en cuclillas en el Cabo Blanco, apenas a un par de kilómetros de mi casa en Valdepares, esa casa que ahora ha pasado a otras manos. Puedo sentir las minúsculas gotas de agua que refrescan mi piel, y que se levantan de las olas que baten contra las rocas, decenas de metros abajo. Huelo la hierba empapada por la mar y el rocío de la noche, mientras recuerdo que aquel fue el lugar elegido por mi padre para su descanso eterno, y donde vertimos sus cenizas años atrás. Hay que reconocer que eligió un hermoso lugar. Quizás es por eso que es especial ese lugar, tal vez, pueda, en cierta medida sentir ahí su cercanía, apoyarme en su consejo.
Sea como fuere, me gusta dejar perder la mirada sobre el horizonte de ese gris océano, poderoso y temible la mayoría de las veces y vaciar mi mente de malos pensamientos, sentir que el aire vuelve a llenar mis pulmones.
Salgo del Cabo, renovado, confiado, fuerte de nuevo a la hora de enfrentarme al mundo. Esos momentos de soledad, física o mental, me son absolutamente necesarios. No creáis que soy una persona huraña, al contrario, adoro la compañía de amigos, familia, pareja, compartir con ellos penas y alegrías, pero también necesito la soledad y el silencio, una comunión conmigo mismo que me ayuda día a día a seguir adelante.

miércoles, 27 de junio de 2007

Fiate del Abuelo


Por fin me había decidido a dejar AEGEE, sobrepasado por la falta de entusiasmo, vencido y dolorido, cual Quijote luchando contra molinos de viento, después de cuatro largos años, batallando por levantar algo que sabía ya muerto.
Fue entonces cuando me llego la invitación de Luis, a un celebración por los 10 años de AEGEE Valencia, por aquel entonces una de las más potentes antennae de la zona. Acepte gustoso tal ofrecimiento y disfrute de ese fin de semana como un enano. Recuerdo que conocí a gente nueva como María, bueno, en realidad a dos Marías, Siridia, y varios más. Volví a encontrarme con un antiguo compañero de chistes, David, que ahora pretendía tomar el relevo de Grasas al frente de la Netcom, y me invitaron a una reunión, al fin y al cabo era el único representante de Oviedo, en la que planteaban organizar un evento, cuando menos, digno de locura. Una Universidad de Verano de 3 semanas recorriendo España.
No se bien cómo, no se bien cuando, y no se bien porque, pero la final de la reunión me vi implicado de lleno en esta locura, y con una nueva personalidad, debido a una frase que dije a lo largo de ella… “Fíate del Abuelo”
En realidad, si que era el abuelo de la reunión porque era, y soy bastante más mayor que la gente que estaba ahí metida, y más incluso ahora. El caso es que me empezaron a llamar Abuelo, y lejos de ofenderme, me pareció un cariñoso apodo. Desde entonces tengo el honor de ser el Abuelo de muchos socios de AEGEE, de muchos participantes de las SU.
En aquella locura de proyecto, además de conocer a muchos participantes, conocí a mi Alter Ego, Lalo, compañero de cervezas y que ambos, junto a Jordi, formamos el grupo “Los 3 tenores del Ronquido” y que cosechamos una gran éxito con cada representación en aquel evento. Prácticamente, no dejamos dormir a nadie en 21 días… un record aun imbatido. Desde entonces una gran amistad nos une, aunque nos veamos de pascuas a ramos. El otro día me dedico un post en su Blog, del cual tome un párrafo prestado para colgar en el mío, y que le agradezco sinceramente.
Ni que decir tiene que no deje AEGEE, y que cada año un nuevo e ilusionante proyecto me impide decir un adiós definitivo, una Summer University, un Regional Meeting, La Netcom o una European School. Siempre hay algo. Por eso, porque siempre hay una nueva ilusión, creo que habrá Abuelo para rato.

domingo, 24 de junio de 2007

Sorbos de Libertad

Perdido en el corazón de la gran ciudad, fascinado por los miles de luminosos que rodean sus arterias principales, conduciendo por la Castellana mientras la agradable brisa de la noche madrileña se ensortija en mis rizos, y una rubia me adelanta a lomos de un Ferrari 360 Modena, me doy cuenta de lo feliz que me siento por salir de mi vieja Vetusta. Me encanta vivir en Oviedo, pasear por sus calles, hablar con sus gentes, contemplar el verde de los campos asturianos. Pero, cada vez más a menudo, me siento prisionero, oprimido, con la necesidad de extender las alas y volar, cada vez más lejos, cada vez a un sitio distinto. Sentirme anónimo, una sombra en la ciudad que nadie contempla, que nadie juzga.
Estos ojos que han visto amanecer en Polonia, este corazón que se enamoró de las costas Sardas, este cuerpo que se movió al son de mil canciones en Rumania, no puede contentarse con tener una vida limitada a unos cuantos kilómetros cuadrados, por muy bellos que estos sean.
Quizás la mejor decisión que tomé en mi vida fue irme de erasmus a Italia. Debo reconocer que, más un sueño realizado, fue una vulgar, cobarde huida, de un corazón desgarrado, de una situación familiar insostenible. Aquella mañana de septiembre, deje atrás la inocencia de la juventud, junto a las lágrimas que mi padre derramó a los pies del autobús que me llevaba al aeropuerto. Como si de un parto se tratase, nueve meses después, un maduro, fuerte y decidido César aterrizaba en el aeropuerto de barajas, con las ideas claras, el corazón recompuesto y el alma fortalecida. Desde entonces mi vida no es la misma que antes de irme. Antes apenas había mundo más allá del puerto de pajares, que, desgraciadamente, es el punto de vista de no pocos asturianos, pero a partir de aquel día, el mundo es inmensamente grande, excitante, maravilloso.
Quizás no pueda llegar a ver tantos y tantos lugares que deseo visitar, quizás no pueda llegar nunca a conocer a tanta gente como quisiera, tener amigos en cada país. A lo mejor, es más excitante el viaje en si que el llegar a conocer algo, posiblemente sean más importantes los compañeros de viaje, que la fin y al cabo son con quien vas a compartir cada aventura, cada pequeña anécdota, cada contratiempo que surja. Cada cerveza que nos tomemos tendrá el sabor de la libertad, de la búsqueda de nuevos horizontes, de un nuevo, distinto y fascinante amanecer.
Mi próxima cerveza de libertad, será en Reading, con antiguos compañeros de viaje, con amigos eternos, que hace miles de años que no veo.
Para la siguiente aventura, no tengo destino previsto, no tengo compañía. Se aceptan sugerencias. El límite está en el infinito

lunes, 18 de junio de 2007

Cuestión de Imagen

Hoy me han reñido. En realidad ha sido más una regañina, un pequeño tirón de orejas más en broma que en serio por la imagen que he dado en uno de mis anteriores posts de mi amigo Guillo, por decir que estábamos borrachos. Y es que debo decir que Guillo ha estado en varias de las mejores juergas que recuerdo haber tenido, y seguramente, también en muchas de las que no recuerdo. La Universidad fue, sin duda una etapa dura y maravillosa que tuve el privilegio de compartir, entre otros muchos, con él.
Sin embargo esas noches de vino y rosas no son comparables a las cientos de tardes jugando al mus, los cafés de los domingos y las largas conversaciones. O la imagen de él y Emi cuando aun eran novios bailando merengue, o meses más tarde, siendo ya marido y mujer, bailando un vals, y viendo la felicidad en la cara de ambos. Aquel paseo por la playa de Sitges estando ellos de vacaciones y esperando un retoño, y que ahora es el mayor de sus dos hijos, uno de esos niños que te hacen considerar en serio que la reproducción, quizás si que merece la pena.
Guillo es, sin duda alguna, una de esas personas que te caen bien a simple vista, su jovialidad y simpatía, su infinito y fino humor dan cobertura a una persona sincera afable y sobre todo, por encima de todo, amigo de sus amigos.
Ha estado presente prácticamente en todos los buenos momentos de mi vida, pero sobre todo ha estado presente en todos y cada uno de los malos momentos, ayudándome, apoyándome, aconsejándome o simplemente haciendo acto de presencia, que la mayoría de las veces es la mejor ayuda que te pueden prestar. Son para él gestos naturales, nadie le tiene que pedir ayuda, simplemente cuando te das cuenta, Guillo esta a tu lado, como cuando sufrí el accidente con la fondue, que se presento a altas horas de la madrugada en urgencias.
Por eso, Guillín, no consideres que he dado de ti una mala imagen. Si una imagen vale más de mil palabras, un sentimiento vale más de mil imágenes. Y en cuestion de sentimientos, tienes los mejores de todos los que tenemos el privilegio de considerarnos tus amigos.

domingo, 17 de junio de 2007

Thanks for reading

Caesar Antonius, ego baptizo te in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti… Con estas palabras, o quizás con otras en castellano ya, mis padres me iniciaron en la religión cristiana y católica. Como tal fui educado y debo decir que no es una religión que me disguste, aunque no soy practicante. Como todas, ha cometido errores y lo que es peor, horrores también. Pero no me voy a meter a juzgar la religión católica, al menos en este post.
Simplemente me asaltan últimamente las dudas, porque me parece que estoy empezando a creer más en las religiones budistas, que evitan matar cualquier clase de animal porque creen en la reencarnación de las almas, tanto en animales como en otras personas.
Pues yo también empiezo a creer en vidas pasadas, por muchos motivos, pero en especial por el cariño que están expresando hacia mí conocidos, familia o al menos gente que considero como mi familia, colegas, amigos que más que amigos son hermanos, y amigos que más que hermanos son mi otro yo.
Cuando hace unos días empecé a escribir este blog, surgió por una necesidad de sacar de dentro de mi una serie de sentimientos que necesitaba poder expresar en palabras, burdas palabras. De igual manera que mucha gente realiza listas de pros y contras sobre las decisiones a tomar, yo hago terapia ordenando sentimientos, ideas, pasiones y frustraciones a través de textos.
Jamás escribí, ni escribiré en un futuro con el ánimo de que la gente me lea, pero la cantidad de comentarios positivos, dejados en el blog por vosotros, o expresados de palabra, me ha sobrepasado. Nunca esperé ese nivel de aceptación, hasta el punto de que gente que me conoce tan bien, como Guillo, que como he dicho, es como mi otro yo, me ha llegado a decir que gracias a este blog, ha comenzado a conocerme de otro modo. Y este es solo el último de los cientos de gratificantes comentarios y eso me hace pensar en lo dichoso, en lo afortunado que soy de tener tanta gente a mi alrededor que me quiere y me aprecia. Por eso entiendo que he debido hacer algo bueno en alguna de mis vidas pasadas, que me ha acarreado tener tanta suerte en esta vida con amigos como vosotros.
Y es una suerte que gracias a este planteamiento me haya podido, o me haya querido demostrar a mi mismo la existencia de la transmigración de las almas, porque de verdad, me van a hacer falta muchas vidas para agradecer lo que estoy recibiendo.
Mi amigo Lalo, otro de mis yos, pero más lejano por distancia, acaba siempre sus post con un “Thanks for reading” Yo debería acabar todos los míos, parafraseando a Loquillo “He tenido suerte de llegaros a conocer”
Gracias a todos y a todas. Por vosotros, la vida merece ser vivida, merece ser contada.

miércoles, 6 de junio de 2007

Imagine...

En una de sus más celebres citas, Groucho Marx, genial fuente de frases antológicas, afirmaba que “La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien la enciende, yo me voy a la biblioteca y me leo un buen libro.” Es una lástima que hoy por hoy nadie, o casi nadie, siga su ejemplo, puesto que la televisión actual dista mucho de ser una fuente de cultura, o incluso de información, si entendemos por información, claro, todo lo que no se refiere prensa del corazón.
Hace cuatrocientos años, Cervantes escribía El Quijote como crítica a los libros de caballería que incendiaban las imaginaciones de las gentes de la época. Hoy, esa imaginación esta absolutamente cortada, capada por cientos de programas de televisión y radio, estúpidas películas con niveles argumentativos paupérrimos y martirizantes concatenaciones de notas musicales que algunos tienen la osadía de llamar música.
“La imaginación al poder”, proclamaba Sartre durante las huelgas de mayo del 68, y Lennon con la imaginación creo un mundo sin naciones ni religiones, sin odios ni asesinatos, un mundo, en definitiva, en paz
Es la imaginación la que nos permite disfrutar por adelantado de las suaves caricias en la espalda de tu amante, o de la sensación de humedad de unos labios besando un cuello, de diseñar una noche romántica, sin temor a que algo salga mal.
La imaginación, que nos permite sortear lo avatares que nos surgen en el camino, con ingenio, la imaginación, que crea fantasías eróticas, novelas policíacas, historias de ciencia-ficción y cuentos para niños y mayores.
La imaginación, que parece tan atrofiada actualmente, es la que ha permitido al hombre dar un salto evolutivo desde el simio.
La imaginación es un bien tan escaso como el oro, y desde luego, mucho, muchísimo más valiosa que éste. Por eso es necesario preservarla, entrenarla, cultivarla. Y desde luego, es la literatura, la poesía, el arte, la musica la que nos hace volar la imaginación, la que nos hace soñar con un mundo mejor, libre de guerras, de efecto invernadero, de bombas nucleares, libre de hambre, de pobreza, de injusticia, de xenofobia, de odio.
Quizas cuando tengamos todo eso podremos vivir sin imaginación, pero hasta entonces, apaguemos la tele y leamos un libro, porque, como decia Groucho Marx, “fuera del perro, el libro es posiblemente el mejor amigo del hombre. Y dentro del perro, posiblemente esta demasiado oscuro para leer…”

domingo, 3 de junio de 2007

Recuerdos de la Isla de los Vientos

La fresca brisa del anochecer me acariciaba mientras, acodado en la cubierta de popa del “Karalis” , veía alejarse en el horizonte las costas de mi amada Cerdeña. No lo recuerdo con certeza, pero es casi seguro que no pude reprimir las lágrimas al tener la certeza de que pasaría mucho tiempo antes de que volviera a sentir la fragancia del romero, sentir la calidez de su sol y la agradable sensación de caminar por la arena de la playa de Poetto.
Y lo peor, maldita sea, era dejar tras de mi, a mis seres queridos, Elena, mi Elenedda, amiga y confesora de tantos y tanto momentos; Carletto y Ginny, maravillosa pareja, Los Erasmus del primer año que estuve allí, y los del segundo, cuando fui a trabajar, los cientos de amigos italianos que conocí en los dos años que viví en Cagliari, los compañeros de piso, con los que no siempre fue fácil la relación, …
Y como olvidarme de Monica, diosa esculpida de mar y sol, sonrisa permanente y mirada calida, como el calido sol Sardo, mujer que me enseño a vivir, y a quien enseñe a amar, amor prohibido y furtivo, y como la noche se San Lorenzo que viví con ella, amor fugaz.
Alex, compañero mío del primer año y visitante ocasional el segundo, entendía perfectamente mi situación, puesto que también él vivió la experiencia Erasmus, también él se enamoró en la vieja ciudad, y también él sufrió la dura experiencia de volver, como el tango de Gardel, con la frente marchita, y descubrir, que después de la experiencia de vivir fuera un año, las diferencias con tus antiguos amigos son muchísimas mas que las coincidencias, que has dejado de ser español para ser, italiano, francés, ingles, americano, austriaco, polaco… porque te llevas en el alma un poquito de cada una de las personas que has encontrado en tu camino, y esperas que ellas lleven en su alma un poquito de ti.
Y es cuando descubres verdaderamente el sentido de un programa como es el Erasmus, que no es una excusa para estudiar en el extranjero, vivir unos meses fuera de la esclavitud de la casa de tus padres, y correrte unas juergas inolvidables. El verdadero sentido es crear un sentimiento, una conciencia global, darte cuenta de que aunque somos muy distintos en muchas cosas, en lo básico somos muy parecidos todos los europeos, madurar como personas, crecer como individuos y vivir miles y miles de pequeñas y grandes experiencias, tan difíciles de describir, como imposibles de olvidar.
En la Isla de los Vientos nací como persona, goce y sufrí las penurias de ser erasmus y no tener un euro, llore al despedir amigos que sabría que jamás en mi vida volvería a ver y con los que había compartido mesa y mantel, cervezas, porros, partidos de fútbol y tardes en la playa comiendo helados y enamorando italianas, en la isla del sol, fui extraño entre italianos, “il ciclone” entre mis compañeras de trabajo, y sobre todo fui feliz. Feliz con mi vida, feliz con mis estudios, feliz con mis amigos feliz con Monica… y algo menos feliz sin ella.
Si pudiese explicar a cada estudiante de hoy la dolorosa, la desoladora experiencia de volver a casa tras una erasmus, si pudiese transmitir todo lo que se siente al vivir eso, si tan solo pudiese explicar como no cambiaria ni uno solo de los momentos vividos allí, creo que nadie dudaría en vivir mis mismas vivencias.
Hoy hace mil años que las costas de Cerdeña se alejaron en mis ojos, pero llevo aun el aroma de sal, la calidez de su sol en la sangre, y la de sus gentes en el alma, y el eterno deseo de volver. Porque cuando vuelva, sé que me sentiré en mi casa.
A mis amigos de la Isla de los vientos... Grazie Ragazzi!

jueves, 31 de mayo de 2007

Algo se muere en el alma

Recuerdo despertarme en mi cama, en el desván de mi casa de veraneo. En la boca tengo un sabor acre, seguramente resultado de las copas que tome anoche, mientras curraba en el pub. Recuerdo a mi compañero de trabajo, bueno, en realidad es quizás mi mejor amigo, o por lo menos el más antiguo, Guillermo, poniéndome una copa tras otra, hasta casi agotar la botella de ron. Él tampoco le iba a la zaga y la botella de beefeater no tardaba mucho en acompañar a su compañera, la botella de cacique en el cubo de la basura. Después de trabajar ibamos hasta “el Merbellé” donde sonaba “el ritmo de la noche” y Paco nos invitaba a unos chupitos que nos servía Elena.
Después de desayunar, pasaré la resaca tomando el sol en la playa, mientras me como la cabeza, pensando en la pasta que me tendré que gastar en arreglar el coche.
Recuerdo también tantos veraneos anteriores a ese, cuando la vida era fácil, y me pasaba el verano nadando, pescando y paseando en bicicleta, cuando empezaba a mirar a las chicas como algo más que un estorbo en los partidos de fútbol, y soñaba con que aquella niña tan mona de la que todos estábamos enamorados, me diera mi primer beso. He olvidado el nombre de esa chica, como el de tantos otros que he dejado atrás en mi vida.
Pero quizás mis mejores recuerdos eran cuando estaba enamorado de un ángel, y nos escapábamos los fines de semana y las fiestas de semana santa, con la comida, y la leña para la chimenea, que nos iluminaba y daba calor en las frías noches invernales. Recuerdo llevarnos el ordenador, antes de que existiesen los portátiles, y aprovechar esas escapadas de enamorados dedicarnos a nuestro otro amor, AEGEE, poniendo en orden facturas, memorias, subvenciones y demás papeleos. Recuerdo despertarme al amanecer, con la fragancia de su pelo inundando todos mis sentidos, y después de darle un beso, aun dormida, bajar a preparar el desayuno.
Recuerdo aquella cocina, descuidada por el escaso uso, las escaleras de madera, la colección de platos de mi madre, el olor a humedad los primeros días de verano, las comidas en la terraza con mi abuela y mis tíos, mientras mis primos y yo pateábamos con entusiasmo un viejo balón y soñábamos con jugar en el Madrid. Recuerdo las peleas con mi padre porque sacásemos el viejo peugeot 203 al prao empujándolo. “Su Ilustrísima” le llamaba con sorna mi padre, recordando que había pertenecido al Obispo de Oviedo.
Esa casa, que ha visto mi niñez y juventud, en la que mi hermana comenzó a caminar, donde mis hermanos antes que yo, fueron felices con el “Nau”, el perro naufrago que rescató mi padre en el puntal y con “Jamido” el burro enano que mi abuelo nos envió desde Africa cuando era gobernador de Sidi-IFNI, esa casa, ha dejado de ser nuestra esta mañana.
Algo se muere en el alma cuando un amigo se va, y esa casa es como un amigo para todos nosotros, pero para todo existe un final. Espero que esa casa haga a sus nuevos dueños tan felices como hemos sido nosotros ahí durante más de cuarenta años. Nosotros no podremos volver nunca más alli, pero cada vez que sienta nostalgia de la casa de Valdepares, cerraré los ojos, y buscare en ese rincón del mi mente, donde residen los recuerdos

sábado, 26 de mayo de 2007

Cuestión de principios

Hace unas semanas en vi en la obligación de enfrentarme a un dilema moral, pero para entender la situación, se necesita ciertos antecedentes.
Hoy por hoy, soy un estudiante de cocina cursando segundo curso del grado medio. Mi primer año fue magnifico, llegando a ser el mejor expediente y llegaron a recordarme los propios profesores que existían premios a los mejores expedientes.
Sin embargo este segundo curso no ha sido tan brillante como el anterior, quizás por combinarlo con el trabajo, quizás porque la edad tampoco perdona para esto o quizás porque se habían puesto demasiadas expectativas en mi, empezando por mis profesores, y acabando por mi mismo. Especialmente inquietante fue mi odio a primera vista con la repostería, verdadera tortura psicológica y física tres veces por semana. Cada uno tenemos una idea de lo que es el infierno, y durante muchos meses, el infierno fue para mi trabajar como repostero por toda la eternidad. Consecuencia directa de esta aversión fue, por supuesto suspender repostería. Y debo decir que no fue un suspenso por los pelos o injusto. No, fue un suspenso de proporciones bíblicas, con un examen practico catastrófico que hizo valer la máxima de la ley de Murphy: Si algo puede salir mal, saldrá mal, y toda situación es susceptible de empeorar”
No me dolió tanto el suspenso como decepcionar a una persona que me merece gran respeto tanto por su rectitud como por el empeño que emplea cada día en preparar las clases.
Sin embargo, y hete aquí el dilema moral, se me ofreció la posibilidad de obtener el título, a traves de una , cuando menos, oscura maniobra, consecuencia de la cual se pasaria por encima de la opinión del profesor, se negaría lo evidente y se tiraría por tierra una filosofía de trabajo, en el que solamente aprobarían los que se lo merecieran.
El caramelo, no lo vamos a negar, era muy goloso. Este hecho me hizo recordar algo que leí en una novela hace tiempo: un herrero de pueblo se esmeraba en la confección de una pieza, cuando uno niño, le pregunto porqué se esmeraba tanto en la elaboración de una pieza que se colocaba debajo de un carro y que nadie vería nunca. El herrero le explico que si bien nadie, efectivamente vería nunca esa pieza, él sabría, cada
vez que viera ese carro, que no había hecho bien su trabajo, y ese carro, lo pasaría cada día por delante de su herrería. De esa misma manera, cada vez que me plantara ante unos fogones, yo sabría que, en realidad, me habían regalado el título.
Así que decidí declinar la oferta, buscar una solución alternativa cara a cara con mi profesor de pastelería, tomar clases de recuperación y hacer un examen final en junio.
Como consecuencia de esto… estoy aprendiendo a amar la repostería, me levanto cada día con ganas de ir a clase y aprender más y mas. Y sobre todo, he sido fiel a mis principios, y la conciencia, esa amiga que nos acompañará toda la vida, la tengo tranquila